jueves, 28 de junio de 2007

Anecdotas Ferroviarias II

Cuando los trenes de vapor entraban en Vadollano, bajando de Despeñaperros, uno de los dos maquinistas (maquinista o fogonero) estacionaba el tren, mientras que el otro descendía de la locomotora, al pasar por el paso a nivel para irse a Casa Pacheco, una taberna de afamado trato hacia los ferroviarios, pues el también lo era. Este abandono del tren en marcha, no tenía persona preferente, unos días era el maquinista y otros el fogonero. Un día, el maquinista desciende de la máquina y espera que pase toda la composición, cuando termina de pasar el vagón de cola, su asombro fué que unos metros más adelante, encaminándose hacia la taberna iba su compañero, habían bajado uno por cada lado y dejado el tren solo. Corriendo y gritando hacía el tren, aunque sin lograr alcanzarlo, alertaron a un mozo de agujas, quien se subió en la locomotora y accionó la palanca de freno, pudiendo detener el tren, no sin el mayúsculo susto.

Fuente: Estanislao

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